Pieza del Mes
Enero, Febrero y Marzo 2012
Entre los fondos del Museo de Segovia destaca la colección de objetos de orfebrería de época visigoda, reunida por Antonio Molinero en los años cuarenta del siglo XX. Son objetos de adorno personal localizados en sus excavaciones, sobre todo en las localidades de Madrona y de Duratón.
Las piezas expuestas son esencialmente numerosas fíbulas y broches de cinturón, aunque también haya otras, como collares, pendientes, anillos, brazaletes, amuletos, etc., hasta constituir un conjunto que difícilmente puede contemplarse en ningún otro lugar. Además del número, destaca su marcado interés tipológico.
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Los broches de cinturón de época visigoda son fundamentalmente, de dos tipos: el primero es el conocido como “de placa rígida”, es decir, aquel en el que la hebilla y la placa fueron fundidas en bronce, de una sóla vez, aunque también los haya con la hebilla móvil. A menudo, la placa muestra decoración calada, con siluetas de animales o con motivos vegetales. Unas pequeñas pestañas, en la parte trasera, permitían fijar la placa al extremo del cinturón.
El segundo tipo, llamado “de celdillas”, presenta una superficie compartimentada por finas láminas de latón, en disposición geométrica, soldadas perpendicularmente a una placa rectangular, también de ese metal; forman celdillas que se llenan con pequeños cristales de colores, o bien con piedras semipreciosas.
[ Díptico de la Pieza del Mes. ]
Octubre, Noviembre y Diciembre 2011

Esta pieza es parte de un lote formado por una jarrita y una patena. Objetos ambos inéditos. Tan sólo se refiere a la existencia de la patena como “…la inédita de Segovia…”, Luis Caballero Zoreda en “Arte Prerrománico Visigodo”. Fueron comprados por la Junta de Castilla y León al anticuario de Segovia, Sr. Garzón González.
Su procedencia es desconocida sabiendo sólo por los datos obtenidos del anticuario que ambas piezas vienen “de la zona norte de la provincia o sur de la de Valladolid”.
Las dos piezas se encuentran asociadas desde que se tiene noticias de ellas, aproximadamente desde el año 1975, lo que permite hablar de un conjunto litúrgico. Este uso está relacionado
con las ceremonias de bautismo, la eucaristía o la ordenación de diáconos y subdiáconos.
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Mide 18,5 cm de diámetro y 3-3,4 cm de altura. El ala mide 0,9-1 cm. El pie 3 mm de grueso, 6,5-6,7 el diámetro exterior y 3-4mm de altura.
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[ Díptico de la pieza del mes ]
Julio, Agosto y Septiembre 2011

Cuenco de vidrio tardorromano del siglo IV - V d. C., procedente de las excavaciones oficiales de Antonio Molinero, de 1950, de la tumba nº 3 de Roda de Eresma.
Sus dimensiones son de 12,5 cm. de diámetro y 8,9 cm. de altura. La pieza es de vidrio transparente, soplado y decorado con aplicaciones irregulares de gotas de vidrio azul verdoso con un diámetro, las de mayor dimensión, cercano a 2,5 cm y las menores de unos 7 mm y una estrecha banda, añadida junta al borde, de hilo de color melado.
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La técnica del vidrio soplado supuso una revolución en el terreno de la industria del vidrio, permitiendo la producción de un mayor número de piezas y una reducción del tiempo de ejecución. En poco tiempo descendieron los precios y su uso se popularizó.
Su difusión no solo dependió de ese descenso de los precios respecto a las vajillas metálicas o de piedra dura, sino también porque se empezó a considerar un material idóneo para la conservación de los alimentos y de las bebidas. No alteraba los sabores, permitía ver el contenido y podía reciclarse. Según estudiosos, la técnica del soplado de vidrio se remonta a mediados del s. I a. C, en el área Sirio-Palestina.
La elaboración primaria del vidrio, es decir a partir de las materias primas, se concentraba en unos pocos centros del Mediterráneo Oriental (Israel, Líbano, Egipto), mientras que a Occidente se exportaban lingotes o bloques de vidrio en bruto.
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[ Díptico de la pieza del mes ]
Abril, Mayo y Junio 2011
Sello de oculista, Coca
El sello está formado por un pequeño paralelepídedo de cuarcita, de 4 cm de largo
por 2 cm de ancho y 8 mm de grosor. En sus paredes rectangulares más largas ofrece
dos inscripciones desarrolladas de manera invertida. El tipo de letra es capital cuadrada.
Ambos textos resultan ser una prescripción médica oftálmica, en concreto las recetas
de dos colirios.
En una de las caras se lee:
C O R N E L I A L C I M I T U R I
N U M A T C H E M S I N
E T A T S U P P U R A T I O N E S
Desarrollo: Corneli Alcimi Turi/num at chemosin / et at suppurationes.
En la otra (falta un trozo de la parte superior):
C O R N E L I AL [ C I ] M I I C A
R I U M A T C L A R I T A
T E M E T A T S U F F U S
Desarrollo: Corneli Alcimi Ica/rium at clarita/tem et at suffus(iones).

El colirio llamado Turinum es de antiguo conocido; por las indicaciones de los
tratadistas de época romana sabemos que estaba generalmente compuesto por cinco
elementos: thus, incienso, de donde recibía su nombre de thurinum o turinum; cadmia, óxido de cinc en estado más o menos puro; opium o lacryma papaueris, el látex
del opio; cerussa, acetato de plomo que se transformaba en un carbonato básico de
plomo, y pompholyx, un compuesto de cinc obtenido en la fundición del cobre a partir
de las burbujas que se formaban en el antecrisol.
Este sello es probablemente de época bajoimperial, a juzgar por las fechas en que
tales objetos se hicieron más frecuentes (su uso es ya corriente de los siglos III al V
d.C., y se interrumpe bruscamente hacia el año 500, coincidiendo tal vez con la desintegración formal del ejército romano). Parece entonces lógico pensar que Cauca, que
se hallaba comprendida dentro de las rutas de comunicación entre Asturica y los
límites de la Baetica, debió albergar entre sus muros, probablemente desde el s. III
d.C., una guarnición romana del exercitus hispanus.
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Enero, Febrero y Marzo 2011
Pinturas de los Cinco Caños, Coca
Estos fragmentos de decoración muraria proceden de una posible residencia
suburbana situada al norte de la ciudad de Cauca*, en una ladera en la orilla derecha
del río Eresma. También se ha interpretado el edificio como un posible lugar público
relacionado con los manantiales cercanos, posiblemente una fuente. Datan su construcción
entorno al s. I y II. p. C. aunque la época Flavia sea la más probable. Fue descubierta en 1979 y excavada en 1982. Entre 1991 y 1994 se trataron in situ los
restos de revocos de las paredes, y se trasladaron al Museo los fragmentos caídos, algunos de los cuales han sido montados en este panel.
En 1998 se realiza una nueva intervención de restauración a cargo de la empresa
Artelán, de cuyo informe se extraen las siguientes observaciones:
Las cimentaciones de los muros están realizadas a base de mampostería de piedra
(cuarcita o caliza) y mortero de cal. Los muros, en su mayoría, son de mampostería
en el zócalo inferior hasta una altura de unos 75 cm. El resto se levantó con adobes unidos por tierra con una fuerte carga de cenizas.

Los enlucidos: todas las paredes interiores del recinto presentan revocos con posterior
aplicación de pintura. Según los análisis, están compuestos por tres capas a base de
carbonato cálcico y arena y una última lechada de cal a modo de preparación final,
que conserva las trazas de la brocha. Sobre esta lechada se aplica el color de fondo,
generalmente ocre, con la técnica del fresco. El resto de los colores que se superponen al fondo y que constituyen las decoraciones fueron aplicados al temple.
En cuanto a los pigmentos, sólo se han realizado análisis de algunas muestras y los
resultados son compuestos de hierro (rojo óxido de hierro y ocre amarillo), y negro vegetal para los negros.
La decoración de los fragmentos que se exponen consiste en una retícula formada
por plumas de pavo real que salen de círculos o cuadrados. Este conjunto estaría enmarcado por una franja de cuadrados blancos y negros a modo de ajedrezado, y bandas rojas que unen con otra verde, que sugiere un marmoreado.

En cuanto a la presentación, se ha intentando, por un lado mantener el máximo respeto
por la obra y por otro mostrar al público de una manera comprensible, la composición
decorativa de aquellas paredes, utilizando los fragmentos que han perdido
su ubicación original. Se muestran sobre un panel, en el que se han recompuesto los
esquemas decorativos. Las piezas no se han fijado al soporte, sugiriendo que ese es
el lugar que se les ha asignado para la comprensión del conjunto, aunque se desconozca
el lugar original, dado que son fragmentos aislados.
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Octubre, Noviembre y Diciembre 2010
Olla cerámica de la Edad del Hierro
Esta pieza proviene de uno de los yacimientos de la Edad del Hierro, situado en
Ayllón: el poblado de El Cerro del Castillo. Apareció dentro de los restos de una edificación
formada por sótano y una planta, con las paredes de adobe revocadas y pintadas
en rojo y blanco, junto a otros enseres de la casa.
Éste ejemplar forma parte, de las primeras vasijas fabricadas a torno que
conocerá la provincia de Segovia, traídas desde el mundo ibérico.
En sus lugares de origen se fabrican entre el 600 y el 425 a. C. Aquí, en la Meseta, su
cronología se alarga hasta penetrar en el siglo IV a. C. Fueron considerados productos
de prestigio, con un cierto halo de exotismo y siguieron en uso incluso después de cortados
los circuitos de abastecimiento.
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